lunes, 12 de septiembre de 2011

infinitos uno

uno
más
uno
más
uno
más uno más…

infinitos
los números
como
las estrellas,
como
en el mar los cristales de sal,
como
la inhumanidad perversa
del Homo,
su sed
de más y más y más…

(uno
menos
uno
igual
a miles de miradas
menos,
a más
huesos
entre los que andar,
más muertos
abonando el mapa
del subsuelo)

uno
más uno
dos
entre las sábanas
y siempre
más
de uno:
un corazón,
un idéntico latido,
un beso:
insuficiente

frente a los
menos uno
que fraguan
en Oriente y
Occidente,
de Norte a
Sur (siempre al Sur)
los cañones,
las mentiras,
las tumbas,
las desgracias

los señores
que devoran
corazones
de palomas

¡qué
pequeño
es el amor
(uno)
ante los
formidables
poderes
de la muerte!

y uno
más uno
menos uno
igual a todos,
a cien
a mil
a incontables
seis millones
treinta mil
ochenta y seis
noventa y cuatro

uno
en la calle,
uno más uno
en un tren,
y otros
en la ciudad
enmarañada
y más aún
en un campo
de labranza,
detrás
de una
pared,
al filo de una
espada,
junto al cielo
inalcanzado
de la infamia
en alambrada,
en la cámara de gas,
en una celda,
bajo las bombas
sobre las bicicletas y las plazas,

bajo la luna
y por la espalda,
con razones o
sin ellas,
entre tus manos
que debieron
dibujar
sus alas

mientras impunes
medren
los demonios
que atormentan
de sueños
de sangre y fuego
en perpetua venganza
la faz de esta
minúscula
partícula
de galaxia

uno
más uno
menos uno…
igual a
nada

sembraron vientos:

a la vuelta
de los días
la tempestad
aguarda.

Silvia Piccoli – Septiembre 2011

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